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Experiencias en la vida del criador responsable: el viaje a Bélgica.

  • Foto del escritor: Lucía Rodríguez
    Lucía Rodríguez
  • 15 dic 2025
  • 6 Min. de lectura

Planificar viajes está bien, pero improvisar viajes es todo un desafío y es lo que tenemos que hacer de vez en cuando para hacer realidad nuestro plan de cría. En este post comparto nuestra experiencia y último viaje a Francia y Bélgica con nuestra dálmata Ginebra.


Dalmata belgica

Todos hacemos malabares para sacar el máximo partido al tiempo, teniendo en cuenta la vorágine del día a día en el que la rutina implica combinar la jornada laboral con la vida personal y, en mi caso, con prioridad máxima a mi familia que también la forman 5 preciosos dálmatas (y un podenco) que tienen una vida equilibrada con paseos, cariño y juegos. 

Entonces, entran en juego nuestras aficiones y pasiones, que nos empujan a sacar nuestra mejor versión y hacer posible lo imposible.


Así, se suma al tetris del tiempo mi pasión por la raza dálmata y la cría responsable, que es posible y tiene sentido cuando realmente es tu corazón el que empuja a hacer de lo que parece imposible, una realidad. 


Viajar es imprescindible para nosotros, por suerte lo hacemos a menudo con nuestros dálmatas, nuestra excusa son las exposiciones caninas y lo hacemos a nivel nacional e internacional, allí nos encontramos con personas que comparten nuestra afición, hablamos, compartimos y aprendemos junto a compañeros y siempre con la sonrisa puesta. Nos acompañan los buenos resultados,  fruto del trabajo y de tener unas dálmatas muy correctas respecto al estándar con un carácter maravilloso, de las que estamos muy orgullosos pues a su corta edad ya tienen sus títulos de campeonato nacional y nuestros objetivos empiezan incluso a fijarse más allá de la frontera en los próximos años. 


Dicho esto, me gustaría destacar la importancia de la familia en nuestras vidas, mi familia es numerosa y estamos muy unidos, somos felices compartiendo tiempo juntos y comprendemos y compartimos las aventuras y pasiones de cada uno, nos apoyamos en los buenos y malos momentos que también son parte de la vida y todos tenemos momentos difíciles, pero por eso la familia es tan importante: son nuestro lugar seguro. Todo lo que hacemos por nuestros dálmatas sería imposible sin el apoyo de mi familia y amigos que comprenden y apoyan, para que pueda hacer realidad lo que me proponga


La alta selección de ejemplares nos empuja también a movernos, pues no siempre tenemos cerca a los reproductores adecuados que buscamos y esto hace que tengamos que viajar de forma “inesperada” y con ello disfrutar de la odisea de un viaje improvisado, que debo decir que a mi me gustan más que los viajes planificados a pesar del estrés de no saber si vas a encontrar un hotel dog friendly cada noche. 


Algo que valoro y aprecio mucho es tener una amiga con la que compartir todo esto, Jennifer Martín, que además es mi mentora, pero sobre todo veo que juntas somos capaces de mucho y eso que, como la mayoría de las personas y como decía antes: tenemos que hacer malabares con el tiempo y los recursos para llevarlo todo a cabo, pero eso sí: lo hacemos. Jennifer y yo siempre tratamos vivir experiencias juntas, parece que nos apasionan los retos y los desafíos, también somos socias fundadoras de la AEFD, somos diferentes, vivimos lejos pero nos organizamos y viajamos juntas y por el camino llenamos nuestras maletas de recuerdos, risas y experiencias que nos enriquecen como personas y que luego se ven reflejadas en nuestra vida profesional. 


Llegó el momento del celo e hice la llamada:


L: ¡Hola! ¿Cómo lo tienes para ir la semana que viene a Bélgica conmigo y con Ginebra?

J: Mal, muy mal, pero cuenta conmigo.

L: Pero todavía no sé exactamente el día de salida ni de regreso…

J: Tú quieres que me maten, que estrés. Pero sí, voy.

L: ¡Haciendo maletas! Ya programamos la ruta sobre la marcha.

J: Sí, como la última vez que fuimos y acabamos paseando con Ginebra y Emily por el Main Stage de Tomorrowland.

L: Limpiando de barro a Emily mientras Ginebra seguía saltando en el charco.

J: Deseando la siguiente, ¡Dale!


Así, una semana y poco después iniciamos el viaje, con el objetivo de encontrarnos con el macho seleccionado para Ginebra mientras Cristian se quedó al mando y cuidando de todos como buen Papá dálmata. 


Con mi superestrella Ginebra y mi amiga Jennifer, desde Muro, Alicante (la terreta) a la Rioja y de ahí empezamos a elaborar la ruta que nos llevó a pasar unos días fantásticos en Francia y Bélgica. 



Hicimos algo más de 5.000 kilómetros en total y lo cierto es que viajar con perro por Francia y Bélgica es genial por la cantidad de lugares a los que puedes acceder con ellos y que lo hacen todo más normal. En coche nuestras dálmatas viajan muy bien sin estrés y pudiendo parar cuando es necesario para estirar piernas y patas y que todo sea más ameno.


El viaje incluía 3 visitas veterinarias para el control de la ovulación, asegurando así un mejor seguimiento que condicionaba y determina cuándo debíamos llegar a nuestro destino, así pues según los resultados, teníamos un par de días de margen por lo que decidimos visitar lugares que estaban en nuestra lista de “lugares a los que ir en algún momento”.


Pusimos rumbo hasta llegar lo más cerca posible a la Normandía Francesa, región más al norte y que es una de mis favoritas, tiene playas con acantilados de caliza blanca que son espectaculares y la increíble isla del Mont Saint-Michel que tiene en su cima una elevada abadía gótica que pudimos visitar con perro, no el interior de la abadía por lo que Jennifer y yo hicimos turnos pero la pudimos visitar, lo que sí pudimos visitar con Ginebra sin problema fueron las tiendas y el pueblo que rodea la abadía. Comimos de maravilla en el restaurante L’Auberge La Mère Poulard, el plato estrella es el cordero, aunque nosotras escogimos el menú degustación con el que disfrutamos especialmente con los postres.

Por otro lado, fuimos a hacer unas fotos con Ginebra en un enclave especial que había visto Jennifer y fue todo un acierto, nos impresionó tanto el Mont Saint-Michel que no descartamos visitar de nuevo si tenemos la oportunidad. 

 


Acabamos agotadas pero felices, Ginebra encantada saludando a todo el mundo y acompañándonos a todo, comió como una reina y estaba encantada siendo el foco de tantas cámaras.

Buscamos, al límite, alojamiento para esa noche mientras hacíamos camino en dirección a Bélgica y tuvimos muchísima suerte porque además el lugar estaba muy próximo a la clínica veterinaria a la que iríamos al día siguiente. Nos alojamos en Touffréville, el lugar nos encantó: La Grande Bruyère Domaine, muy acogedor, espacioso y dormimos muy bien allí.


Al día siguiente, tras el examen veterinario continuamos nuestro viaje en dirección a Bélgica y planeamos visitar Brujas y Bruselas, creo que tanto para Jennifer como para mí son visitas imprescindibles, por todo: la comida, la gente, el encanto y la magia de Brujas y la fascinante Bruselas que sorprende con su arquitectura y conquista con su chocolate e increíble Grand Place, entre otras muchas cosas que destacar de allí.


Después de unos días de turismo y visitas en Bélgica que nos encantaron y agradecemos mucho, pues estuvimos con compañeros criadores y amigos, así como disfrutando de otros dálmatas absolutamente increíbles, emprendimos el viaje de regreso, con el corazón un poco más lleno, un nivel extra en cultura y quizá unos kilos de más, porque su gastronomía es de mis favoritas, entramos a todos los restaurantes con Ginebra y nadie puso mala cara, todo lo contrario: la recibieron siempre con buenos gestos y cariño. Algo que debo confesar es que es imposible resistirse al chocolate belga y a sus inigualables patatas fritas con mayo.



En coche, fuimos tranquilas y de forma segura, hicimos paradas para estirar piernas y patas, llegamos desde Bruselas a Poitiers donde hicimos noche para completar el viaje de regreso al día siguiente en Cañas, La Rioja y Ginebra y yo, tras un día de descanso allí iniciamos la vuelta a la terreta, donde todos nos esperaban entre saltos, besos y la inspección olfativa correspondiente que hacen cuando has estado con otros perros y ellos no.


La cría es maravillosa pero no es matemática, nosotros ponemos todo por nuestra parte, desde la realización de pruebas de salud, la selección de reproductores y procurar el encuentro en el momento más adecuado, quizá la única garantía que podemos ofrecer es nuestro compromiso y trabajo bien hecho pero sobre todo que velamos por la salud de nuestra dálmata, pues es lo más importante. El resto no se puede controlar, la evolución, el número, si son macho o hembra, todo es un misterio hasta que nacen, por eso se le llama: el milagro de la vida. 


Pase lo que pase, debemos ser fieles a nuestra filosofía y valores.


Seguimos. 



PD: Una cría responsable no es posible sin familias que hagan una compra responsable.

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